jueves, 25 de octubre de 2012

El perro fantasma

Por el año 1770 vivía en la ciudad de Matanzas, Doña Ramonita Oramas, viuda de Solís, quien tenía un fiel compañero para su soledad: un enorme perro de blanco pelaje, llamado Capitán. A Doña Ramonita le encantaba coser, hacer dulces y era muy estimada entre sus vecinos. Se decía que estaba emparentada lejanamente con algunas de las familias de más abolengo de la ciudad.
Todos los días, bajo lluvias inclementes o bajo sol abrazador, Doña Ramonita entraba a la iglesia a orar y muchas veces le rezaba a la Virgen para que le fuera concedida a su perro una larga vida. Afuera, a las puertas del templo, Capitán esperaba a su ama. Una tarde el animal rompió su costumbre, penetró en el recinto, se detuvo ante la imagen de la Virgen y la contempló por unos minutos. La iglesia estaba desierta por lo que nadie pudo ver a Capitán y su ama lo interpretó como una respuesta a sus plegarias.
Nadie pudo explicar el hecho, pero es cierto que tres semanas después Capitán apareció muerto a la entrada de la iglesia con la cabeza destrozada. Días más tarde, Ramonita escuchó un ladrido familiar e inconfundible en su patio, y al asomarse vio al perro envuelto en la luz de la luna y con sus ojos azules y luminosos. Que alegría la embargó ..... sin dudas era Capitán que venía a ver a su dueña. Ella lo llamó y el perro meneando jubiloso la cola se le acercó, le lamió las manos y desapareció, se hizo invisible. Pero cada noche vino el fantasma al encuentro de su dueña.
En enero de 1771, Doña Ramonita  ya en el lecho de muerte, narró la secuencia de sus visitas, y aseguró que la Virgen le había concedido la vida eterna a su perro y lo había convertido en un guardián de los matanceros. Pero esto fue interpretado como el delirio de una moribunda.
Sin embargo, diversas personalidades atestiguaron en años sucesivos haber visto a un inmenso perro blanco de ojos azules, que se tornaba invisible: el maestro Don Pablo García, el ingeniero Don Dionisio Baldenoche, el brigadier Don Juan Tirry y otros. El poeta matancero José Jacinto Milanés confirmó también la presencia del perro fantasma, de quien dijo era el consuelo de los solitarios, amigo de los artistas y fiel protector del alma inmortal de la ciudad.
El Perro Invisible sigue cumpliendo su misión misteriosa por las calles de la ciudad de Matanzas y quienes lo han visto, saben que es Capitán, el fiel amigo de Doña Ramonita, el guardián de los matanceros de buen corazón.

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